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Despertó la izquierda; La política pública de turismo en Uruguay

Claudio Visillac, edil por Montevideo de Asamblea Uruguay Claudio Visillac, edil por Montevideo de Asamblea Uruguay @claudiovisillac

POR EL EDIL CLAUDIO VISILLAC

Desde hace varios años el turismo se ha posicionado como una actividad económica de relevancia a nivel global. El año pasado el turismo internacional se incrementó 3,9% en América Latina 6% y en Uruguay 12,3%. En nuestro país, como señalamos, se acompaña esa tendencia ya sea por la cantidad de visitantes que recibimos, por los puestos de trabajo que genera, como por el aporte al PBI que realiza y que cada vez es más importante.

Cuando analizamos las cifras del Anuario de Turismo 2016 y los primeros datos de enero 2017, sin dudas nos ponen contentos por la evolución sostenida que viene teniendo esta actividad en nuestro territorio. Recibimos cada vez más visitantes y de variada nacionalidad.

Ahora bien, desde el Frente Amplio, y teniendo en cuenta las últimas elecciones nacionales, el turismo no fue uno de los temas centrales de campaña a pesar de ser una actividad declarada de interés nacional (Ley Nº 19.253 Art. 1). Es que no es una de esas banderas centrales que toman los candidatos frenteamplistas para diferenciarse de la derecha, no despiertan el interés de gran parte de la población, o de los que “definen la elección”. Esos elementos señalados son los que me hacen pensar que la izquierda minimiza la importancia del turismo como parte del bienestar de nuestro pueblo.

No hay indecisos que decidan su voto en base a una política pública de turismo. ¿O sí?

Algunos actores políticos quieren instalar el discurso de que en política pública de turismo no hay ideología, que se trata de una actividad económica que debe buscar como objetivos exclusivos la generación de empleo (cantidad) y la promoción de nuestro destino país a los efectos de lograr que cada vez recibamos más turistas (cantidad). Ante esta visión es que me propongo reflexionar: ¿la misma política para cualquier gobierno?

La política pública de turismo del Frente Amplio tuvo muchos aciertos. En términos generales se pasó en 12 años de recibir 1.800.000 visitantes a recibir, cerrado el 2016, más de 3.300.000 (otro Uruguay). Además no sólo el aporte del turismo al PBI nacional aumentó, pasando al 7% del mismo, sino que esta actividad genera más de 110.000 puestos de trabajo directos. Se generaron las condiciones para que esta mejora sea sostenida: estímulos monetarios, fiscales, estabilidad económica, clima propicio para la inversión, niveles de seguridad pública muy por encima al de los demás países del continente, mejora en la conectividad, promoción de apuestas específicas como el turismo gayfriendly, cruceros y turismo de Congreso, por mencionar algunos “productos”.

Pero nos propusimos mucho más: desconcentrar la propuesta nacional para que los ingresos provenientes de esta actividad lleguen a más destinos de nuestro país y así contrarrestar o combatir algunas inequidades territoriales; buscamos diversificar y romper con la estacionalidad, para poder ofrecer turismo todo el año y no solo “sol y playa”. En esa dirección por ejemplo es que se crea en 2013 el premio “pueblo turístico” para apoyar emprendimientos en localidades pequeñas que apunten a la autosuficiencia.

Buscamos que el desplazamiento de uruguayos que quieran conocer otras ciudades no sea un escollo, y por eso para nosotros el turismo social es una de las banderas que sostenemos con firmeza; los costos son mínimos para jubilados, estudiantes y personas en situación de vulnerabilidad. No es turismo de categoría B, es turismo para todos en todo el Uruguay. Los valores de equidad y accesibilidad en lo amplio del concepto también forman parte de una hoja de ruta en la que se trabaja y en la que resta mucho por avanzar para mejorar en términos de cohesión social.
La política pública de turismo del Frente Amplio cuenta con una estrategia y planificación muy clara, integrada al “Uruguay Productivo”: busca con acciones coherentes regular, dirigir y liderar las principales acciones en este sector de la economía.

A nuestro juicio uno de los mayores aciertos que tiene la política de turismo impulsada por nuestro gobierno es el grado de apertura con el que se convocó para su diseño. Tanto la Ley Nacional de Turismo (que crea el CONATUR), como el Plan de Turismo Sostenible 2009-2020, lograron conjugar la participación y cooperación de más de 800 actores provenientes del sector público (Entes, Ministerios, Intendencias) y del privado vinculados a la actividad (CUT, empresarios, emprendedores locales).

Existe una permanente coordinación y cooperación entre el MINTUR y las diferentes intendencias, un mayor involucramiento de las diferentes comunidades y también, un importante compromiso social de la inversión privada. Aquí la innovación y apuesta a una mejora en la infraestructura es clave. Una muestra del esfuerzo y cooperación público-público y público-privado es sin duda el ícono de Uruguay Natural como carta de representación hacia el mundo con una marca país que es sin dudas es sinónimo de calidad de vida.

Por eso hay una apuesta permanente a la formación en turismo, se han extendido varias carreras al respecto y también a la coordinación entre ministerios, INEFOP y centros educativos. Porque nos pone contentos la generación de empleos pero no de cualquier trabajo; éste debe otorgar garantías y por lo tanto debe ser de calidad y formal.

Cuando nos preocupamos de que los beneficios del turismo lleguen cada vez a más pueblos y ciudades (no solo a Montevideo y Punta del Este), tenemos visión de izquierda, cuando queremos generar empleos de calidad, es con ideología que estamos marcando el rumbo. Y cuando ayudamos a que cada vez más uruguayos conozcan lugares que no hubiesen podido conocer (sin la mano tendida del Estado) también nos estamos diferenciando de la derecha.

Hablamos de desarrollo inclusivo y sostenible porque pensamos en el turismo más allá de una actividad económica más; lo pensamos como un derecho. Como derecho a conocer, conocernos, divertirnos, intercambiar y hacer que se conozca más de nosotros mismos, de nuestra identidad, de lo que somos y de lo que nos falta mejorar para que nos vuelvan a elegir. Una política pública de turismo debe conciliar el desarrollo económico y social con los cuidados medioambientales (Áreas protegidas), debe cuidar de sobremanera nuestro acervo cultural y patrimonial. Es así, nuestro proyecto se renueva permanentemente porque la realidad nos presenta desafíos constantes que tienen que ver con las relaciones laborales, con el uso adecuado de recursos naturales escasos y con el cambio climático.

Una política de izquierda debe tener una clara mirada política por parte del Estado, debe tener a éste como protagonista y garante. Debe trabajar para generar un crecimiento económico inclusivo, que acompañe nuestro proyecto nacional de desarrollo, que debe ser con equidad, con utilización racional de nuestros recursos y por sobre todo reconocer que el mayor activo que tenemos es nuestra gente.

El turismo ocupa un lugar cada vez más relevante en la calidad de vida de la población. Quizás por ello la izquierda comenzó a despertar y a colocar, en definitiva, a esta actividad (derecho) en el lugar de importancia que representa para los uruguayos.

 

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