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Asamblea Uruguay

Propuestas hacia un intercambio profundo, constructivo y unitario en el Frente Amplio

Ismael Camacho Amido tiene 18 años.Fue atropellado cuando cruzaba con luz verde el 27/2/2010. Hoy sufre una severa lesión cerebral que requiere de una rehabilitación costosa en el exterior.Todos podemos colaborar llamando a los siguientes tel: 0900 9324 para donar $50 / 0900 9325 para donar $ 100 / 09009326 para donar $ 500 Muchas gracias por tu ayuda.
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| NO TE VA A GUSTAR Por Enrique Pintado |*| |
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| Noticias de Prensa |
| Viernes, 12 de Febrero de 2010 18:17 |
Como en la canción de esta creativa banda de rock nacional, el Frente Amplio tampoco esta solo en la búsqueda de acelerar la readecuación de su estructura y funcionamiento interno. Todos los partidos políticos, con mayor o menor formalidad, están procesando su propio debate acerca del significado y rumbo de la renovación y modernización partidaria. Cada cual en los tiempos y con los modos que les pautan su cultura, los paradigmas ideológicos dominantes, los hechos y mitos fundacionales, y la historia que llevan a cuestas.
La mayoría de los partidos ha escuchado los mensajes de la ciudadanía y siente que es hora de eliminar la brecha entre el funcionamiento interno de sus estructuras y las demandas de la sociedad. Distancia que se refleja en cómo perciben los uruguayos a los partidos políticos en tres aspectos centrales: la real valorización que hacen los políticos de los proyectos y objetivos de país que en el discurso oficial dicen priorizar; los resultados concretos del quehacer político; y los procesos de toma de decisiones internos. Respecto a este punto se reclama limitar al máximo el impacto social y los efectos en la gestión gubernamental de las ambiciones de poder individual, sectorial o corporativa, que forman parte de las internas partidarias. La gente exige más y mejores formas de participación, mejora en la calidad democrática, más realidades y menos palabras; mayor compromiso y pienso en los colectivos; y resultados de gestión más palpables. En sintonía con estas demandas de la sociedad los partidos políticos, además de plantearse con seriedad el diseño de propuestas de transformación del país ambiciosas pero plausibles en el mediano y largo plazo, simultáneamente buscan caminos de encuentro en temas estratégicos para el futuro desarrollo del país que permitan generar verdaderas políticas de estado que trasciendan los períodos de gobierno y los tiempos electorales. Prueba del avance en tal sentido es que ya están funcionando con éxito los grupos de trabajo interpartidarios sobre seguridad, educación, energía y medio ambiente propuestos por el Frente Amplio antes de las elecciones; y que la oposición ya aceptó la iniciativa del gobierno electo de ocupar cargos de contralor en los entes públicos. Pero advertimos que profundizar este debate implica sortear al menos dos riesgos: (sum) que la discusión termine centrándose exclusivamente en cómo se acumula y distribuye internamente el poder. (sum) que nos concentremos demasiado en el maquillaje adaptativo dejando de lado la cuestión principal que da fundamento y vida a los partidos: su identidad política. Si los partidos abandonan sus principios u olvidan su concepción sobre la vocación de servicio público que es la esencia de la política, se transformarán en un fin en sí mismos, vacíos de contenido y cada vez más alejados de la gente. Los partidos deben explicitar a los ciudadanos sin garabato alguno sus proyectos de país, el conjunto de transformaciones que entienden la sociedad necesita para garantizarles a los ciudadanos una calidad de vida digna e inclusiva, y los compromisos concretos de gestión que implementarán para llevar adelante sus propuestas. No soy tan ingenuo ni escurridizo como para trasmitirles una visión idílica de la política negando la existencia de la lucha por el poder. Sí sostengo, y no estoy solo en ello, que cuando la puja por el poder se convierte en prioridad, tanto en las internas como en la interacción partidaria, la política se desnaturaliza, pierde sentido, se vacía de contenido y se aleja del ciudadano. A largo plazo esto puede debilitar la institucionalidad y la vocación democrática que ha caracterizado al país. Esta discusión que se está dando tímidamente interpela estructuralmente a los partidos políticos, cuestionando sus formas de relacionarse con los distintos espacios comunitarios y con la sociedad toda. Eludir la discusión con la excusa de lo urgente o burocratizarla hipócritamente en el encierro del discursismo inerte sin abordar los temas centrales, podrá alegrar a unos pocos que quieran seguir jugando a más de lo mismo, pero no resolverá la cuestión fundamental: respecto de como la gente puede intervenir en la vida y decisiones de esos partidos sin que para ello cada ciudadano deba rendir cuenta de la cantidad de horas voluntarias o pagas que dedica a su organización. Son los ciudadanos con poca o mucha participación los que resuelven los destinos del país y quienes eligen los elencos de gobierno. Nuestro desafío es crear estructuras más flexibles y nuevos micro y macro espacios de participación, que habiliten un mayor involucramiento e identificación ciudadana con las colectividades políticas. Espacios que deberán diseñarse casi a la medida de cada uno y de los distintos grupos sociales, para reforzar el sentimiento de pertenencia al proyecto de país colectivo de cada partido. En la interna del Frente Amplio, más allá de las heridas circunstanciales surgidas a partir de la elección de la candidatura a la IMM donde todos debemos colaborar para cerrarlas en clave de afecto entre compañeros considero que es necesario tomar lo sucedido en el plenario como una oportunidad para encontrar nuevas formas de organización que den equilibrio y espacio a las inquietudes individuales, sectoriales e independientes en el proceso que lleva a la adopción de las resoluciones colectivas. Si la mirada no está puesta en resolver positivamente la tensión entre lo individual y lo colectivo, el debate está condenado a ser una nueva frustración. Sabemos que no es tarea fácil porque hay una sensibilidad humana y personal en juego que se debe contener o contemplar. Porque para muchos de nosotros este debate implicará discutir incluso sobre aspectos que ocupan una centralidad en nuestra vida cotidiana y familiar. Por eso tenemos que generar espacios de diálogo abierto y plural con la actitud de no personalizar el debate ni lastimar a los compañeros, reforzando la consigna insignia del Frente Amplio: unidad en la diversidad. Nuestra mayor lucha es a favor de la creatividad para vencer las resistencias que conducen a la fabricación de barreras mentales que impiden toda interlocución constructiva. No estamos solos ni en el desierto, volvamos a florecer. |*| Diputado Asamblea Uruguay |












