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Hace tiempo que quiero escribir sobre este tema. En los últimos años una de las frases más escuchadas por los uruguayos para intentar justificar el espejo de la sociedad que construímos es: 'se perdieron los valores...antes esto no pasaba teníamos otros valores'. Y les propongo hacer el ejercicio de preguntarse individualmente ¿teníamos otros valores?. Teníamos otras realidades, pero desde que el mundo es mundo las sociedades han crecido y se han reinventado a sí mismas en base a los mismos valores universales traducidos en lenguajes y acciones propias de las generaciones que las construyen. Tan antiguo y tan moderno como la vida misma: desde el garrote de los tatarabuelos de las cavernas hasta este hoy tan pendiente de aparatos y la inmediatez, los seres humanos seguimos necesitando comunicarnos, compartir, ser tenidos en cuenta, cuidarnos, amarnos...vivir. Se afirma que hoy en día las familias no son como eran antes, que los niños no respetan a los adultos, que las mujeres no cuidan de sus hogares porque ahora están preocupadas en trabajar y realizarse profesionalmente, que los jóvenes perdieron todo límite y no encuentran el sentido de la vida, que se perdieron los códigos sociales. ¿Y si frenamos el discurso y nos detenemos en la mirada? Leía un texto del español Ángel Gabilondo sobre los cambios necesarios en la mirada a partir de la brutal crisis que hoy vive su país. Dice: "los conceptos no sólo describen lo que vemos, nos hacen ver, nos permiten ver. A veces no vemos por falta de teoría o porque ignoramos que ésta nutre, sustenta y se sustenta en la acción (...) Conviene no olvidar que 'teoría' originariamente significa 'mirada', un modo de contemplar o de considerar algo. De ahí la importante vinculación. Los trastornos de la mirada lo son de nuestros conceptos y viceversa". ¿Cómo nos miramos cuando nos vemos? ¿Qué posibilidad tenemos de recuperar los añorados valores supuestamente perdidos si elegimos constantemente el vículo a través de la violencia? Hay que bajar la edad de imputabilidad y criminalizar a los jóvenes para que los adultos sigan siendo quiénes cometen la mayoría abrumadora de delitos, hay que armarse hasta los dientes, hay que responder con la ley del Talión y que le hagan lo mismo a los delincuentes que ellos hicieron, hay que...hay que empezar a mirarse y mirar y querer ver. El cambio en ese mirarnos es precisamente recuperar el concepto de valores, los que decimos haber perdido. No los estamos viendo, pero ahí están. Si nos paramos y compartimos esa mirada con nuestros hijos y sus amigos, con los compañeros de trabajo, con los vecinos, con la familia que tengamos en todas sus variantes de este tiempo, seguro que hay cosas que cambian. Necesitamos reconocernos para mirarnos y para reconocer a la sociedad como entelequia antes debemos reconocernos en casa. ¿Quién cambia los valores? Nosotros, cuando reaccionamos con violencia en la chiquita, cuando le mostramos a quién se está formando que tiene que pensar sólo en él, ser 'vivo' y ganarle al otro. Cuando decimos ¡qué barbaridad! pero elegimos ver horas de televisión que muestra precisamente los antivalores que criticamos...mirar, mirarnos. Esto no nos quita a quienes tenemos distintas responsabilidades por decisión de los uruguayos de hacer lo que tenemos que hacer desde las leyes, las políticas de Estado, las inversiones y opciones de gasto. Hacer y reconocer si algo de lo hecho se hizo mal, o no funcionó como esperábamos y corregirlo, probar otras opciones. Hacer y explicar que algunas de esas decisiones sólo tendrán efecto si se acompañan con una acción individual de cada ciudadano, y que otras sólo podrán mostrarnos resultados en un plazo más largo, porque también fueron años largos los que provocaron la eclosión del entramado social. 'La mirada puede acabar siendo plana o vacía, ya que pierde la capacidad de descubrir diferencias. No es inocente ni nuestra mirada ni lo son nuestras teorías. De hecho, no faltan quienes "deducen" de ellas lo que ven. Y con los mismos mimbres construyen relatos diferentes, traman e intrigan lo que las confirma. De ser así, sólo vemos lo que a nuestro juicio merece la pena verse, que reducimos a lo que nos interesa. Nuestro juicio se limita a nuestro prejuicio. Bien lo dice Saramago en su Ensayo sobre la ceguera: "creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que viendo no ven". No queremos ver. No sólo es indiferencia, nos recuerda, también es ruindad. No son sólo los ojos, es el pensamiento, es el corazón', escribe Ángel Gabilondo. Desarrollar la mirada para sostener que hay asuntos intolerables, no sólo para la paciencia, sino también para la justicia, labrar una mirada ética, la que es capaz de considerar que nada humano le es ajeno. Discrepo con aquellos que sostienen casi como un dogma que 'todo tiempo pasado fue mejor', cada tiempo construye sus mejores y peores momentos en la vida individual social de un ser humano, y además, hasta el hoy cada día es un hecho por lo que no sería tan osado afirmar que todo tiempo futuro será mejor en la medida en que nos queda abierto para el hacer. "Y así seguimos adelante, caminando indiferentes con los ojos vacíos/ el cerebro derretido/ y la débil sospecha de que hace tiempo/ nos consumen impunes la esencia, la inocencia, la dignidad/ y la posibilidad de abrazar la coherencia con plena conciencia" (*). (*) letra de la canción Glamour y Violencia de Once Tiros Columna en Montevideo Portal
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